Nota de opinión: Aborto legal en el Hospital

Política 06 de agosto de 2018 Por
En el marco de la lucha por la legalización del aborto libre, seguro y gratuito el debate está a flor de piel.

Finalmente se logró la visibilización que el movimiento por los derechos de la mujer busca hace años y que sin lugar a dudas significa un avance enorme para la liberación del tabú que significa la interrupción voluntaria del embarazo. La lucha no es nueva, es la séptima vez que la propuesta llega al poder legislativo y sin embargo por primera vez no se hace en la oscuridad, es una revolución.

La temática que atañe por lo menos a la mitad de la población (la mitad que cuenta con la capacidad de engendrar vida, entiéndase portación de útero, mujeres jóvenes y de mediana edad en edad fértil) llega a los medios de manera masiva, casi enfermiza. ¿Hasta qué punto estamos dispuestas que una discusión que escaló durante años a un nivel de intelectualidad y análisis insospechable caiga ahora en las garras de la masividad y se vea atropellada por argumentos básicos como consecuencia del ingreso al debate de personas que no cuentan con ciertos entendimientos respecto de la temática?

Las mujeres cargan el peso de la maternidad desde siempre, el aborto no es nuevo, no es un boom de la temporada, como no lo es no usar corpiño ni la mayoría de las otras premisas del movimiento feminista. El aborto no va a dejar de existir. La interrupción voluntaria del embarazo es una parte inalienable de esa capacidad de procreación, y también es un derivado de la maternidad forzada.

Una generación de mujeres lucha hace años para que el aborto seguro en el hospital sea un derecho ADQUIRIDO de todas las mujeres argentinas (no regalado, adquirido), una nueva generación adopta la lucha, se incorpora al debate desde las bases, una generación de adolescentes hijos de la ola verde revolucionaria que viene creciendo progresivamente y en silencio, que amenaza con llevarse puesto a todos los esquemas de una sociedad cada vez menos conservadora. Esa nueva generación de chicas y chicos sub 20 decoran mochilas con pañuelos verdes, están dispuestos a enfrentarse a los esquemas más rígidos porque tienen ejemplos claros, porque tienen las mentes abiertas al cambio, porque efectivamente son el cambio.

Aborto, clandestinidad y desigualdad social. De nuevo, el aborto existe y va a seguir existiendo, sea legal o no, en el hospital, en el circuito de clínicas privadas que lucran con la clandestinidad y la ausencia del estado, en el silencio de la familia rica, en la desesperación de la familia pobre y en la farmacia de barrio. También en los hospitales con profesionales aliados y no tanto y en la soledad. Las ricas abortan, callan y viven, las pobres abortan y mueren, la realidad es tan simple como cruel. Este es uno de los motivos para legalizar y garantizar el aborto seguro por parte del estado, dejar de taparse los ojos ante las mujeres que mueren porque no pueden o NO QUIEREN ser madres.

Hay 50.000 mujeres muertas al año por abortos clandestinos, con una seria suficiente para exigir un derecho que nos corresponde. Pero ¿es necesario referirse a la muerte para exigir lo que exigimos?

A simple vista la visibilización que se logró en los últimos meses parece milagrosa, pero con una lupa la misma visibilización parece acarrear costos, se pierde de a poco el foco de la cuestión. Cada vez se escucha más “Estoy a favor de la legalización, pero yo no abortaria…” parece que el tabú está resurgiendo de la cenizas para comernos a todas.

No solo pido aborto legal, seguro y gratuito para que las chicas no se mueran desangradas en los barrios y para que unos pocos dejen de lucrar a costa de la desesperación ajena, también lo exijo para que la maternidad no se convierta en el castigo ante la práctica de la libertad sexual femenina, para que ser mujer deje de tener “efectos colaterales” porque, aunque suene fuerte e incluso contradictorio, quiero ser libre de hacer con mi cuerpo y con mi futuro lo que me parezca mejor y desde el momento en que el aborto está penalizado todo eso se frustra y la mujer no es individuo, es una incubadora con patas. Se debe sacar de foco la discusión sobre cuándo comienza la vida para que el debate por el aborto cobre seriedad, primero tenemos que entender que el concepto de maternidad es social. Sí yo estoy convencida de que mi vida va a continuar mejor si no tengo la obligación de hacerme cargo de un hijo durante 18 años y nueve meses, ni a dar amor por convención, porque “Las mujeres existimos para dar amor”, entonces debería ser libre de interrumpir mi embarazo sin ser señalada por el dedo de nadie, mucho menos del estado.

Cuando no se trata de mi, sino de una mujer de bajos recursos, sin educación sexual, sin plata, sin apoyo y con el triple de miedo y de razones, el estado no solo tiene que liberar de culpas y facilitar, el estado tiene que GARANTIZAR que esa mujer continúe con su vida de la mejor manera posible, no solo abortada, acompañada y provista de todo lo que le debió haber provisto desde un principio y en cuya ausencia reside semejante decisión (entiéndase educación, apoyo psicológico, recursos para una vida mínimamente digna y, por supuesto, las herramientas para la planificación familiar que claramente no tuvo, porque eso también es responsabilidad del estado) cuando una mujer pobre muere desangrada en un aborto, muere una persona con recuerdos, con familia, una persona que siente y experimenta dolor. ¿El feto vale más que esa vida y esos recuerdos? ¿más que los hijos huérfanos?¿ más que los padres que se quedaron sin hijas? ¿que pasa si la que quería ser médica, ingeniera o peluquera era la mujer? el problema es que la mujer no está hecha para realizarse por fuera de lo que dicta las normas del género impuestas, la maternidad, es una incubadora con patas.

8A -Aborto legal en el Hospital-

Te puede interesar